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LA ASCENDENCIA DE PATORUZU – HISTORIA DE PATORUZEK 1º Y PATORA LA TUERTA

Capítulo I: El Faraón
El joven Faraón Patoruzek 1 se sintió atraído desde muy niño por la distinguida princesa de Napata, Patora la Tuerta, así denominada por un gracioso tic de su ojo izquierdo.
Descendiente en forma semiquebrada de Psametic IIIº, faraón de la de la vigésima sexta dinastía, se distinguió por su valentía y destreza en el juego de “ainenti” y del “ta-te-ti”.

Estos juegos, hoy tan venidos a menos, se practicaban en esos lejanos tiempos con los bloques de piedra que sirvieron para construir, años mas tarde, las pirámides de Egipto. Patora la Tuerta se enamoro perdidamente de él, una tarde que, hallándose en el establo dando de comer al buey Apis, el joven faraón se divertía descarrilado todos los tranvías Lacroze que recientemente se habían inaugurado. Patora, que sobresalía por la esbeltez de sus formas y la elegancia de sus modelitos del mas puro estilo parisiense, se acerco al joven faraón - ¡Hui! ¡Hui!
Alo que Patoruzek, atacado de risa por la ocurrencia de la joven, respondió con un sonoro:
- ¡Ja! ¡Ja!
- Tan original saludo se puso de moda entonces, y fue el precursor del famoso Huija, adoptado mas tarde por la tribu de Patoruzú. Días después de este feliz encuentro en el establo del Buey Apis, Patoruzek, que aun era muy joven y no sabia bien lo que hacia, se caso con la distinguida princesa de Napata.

Capítulo II: Los Esponsales
La boda de Patoruzek 1ª y Patora la Tuerta fue una de las más resonantes de la época. Los diarios tiraron ediciones especiales en monolito. En honor de los jóvenes, se coronaron con hojas de laurel los obeliscos y se realizaron diversas pruebas atléticas, como la suerte del balero y la biyarda, juego este ultimo en que se destaco Patoruzek en momento oportuno al barajar la biyarda, gritando:
-¡ Cacho 100 y la Troya!

Por la tarde se jugo un internacional de fútbol entre un combinado de la asociación Egipcia y de, la Federación Persa. Como era natural, Patoruzek dio el puntapié inicial y oficio de referee. El partido termino 1 a 1, empatando los egipcios con un penal. No satisfizo tal resultado a Cambises, rey de Persia, el que, avisado del “store” por un chasque, grito:

-¡Bombero! – y acto seguido le envió el ultimátum.
Enterado, Patoruzek pronuncio aquella celebre frase de:
-Alea jacta est! – que traducida quiere decir: ¡No me asustan sombras ni bultos que se menean!

¡Y se armo la de Troya!

Capítulo III: La Batalla
El temple guerrero de Patoruzek I y sus conocimientos estratégicos del ta-te-ti, lo hicieron salir al encuentro del invasor y ocupar el centro de la cancha. Cambises, en cambio, le hizo el gambito de alfil y caballo, lo que debilito el ala izquierda de su ejército. Al comprender el peligro y fortalificar, se dedico a darle una buena dosis de Wampole, lo que aprovecho Patoruzek Iº para correrse por el wing, y, arrollándole el ala derecha, le grito:
-¡Truco!

A lo que Cambises, para engañarlo, contesto:
-Quiero retruco!
Patoruzek, en su arrollador impulso, ni alcanzo a dar el “Vale cuatro”, cuando el ejercito enemigo se había desbandado… Fue entonces que, victorioso y en el campo de batalla, pronuncio aquella otra frase celebre:
-¡Consumatum est!
Que quiere decir:
-Mozo, traiga otra copa y sírvase de algo el que quiera tomar!...

Capitulo IV: Llegada a la Patagonia
Patoruzek Iº y Patora la Tuerta, finalizada la guerra, se dedicaron a comer perdices, y tuvieron muchos patoruzequitos. El primogénito heredo las cualidades extraordinarias de su padre. Fue su característica familiar el desarrollo de los pulgares de sus pies, que se transmitió así de generación en generación.

Una tarde el primogénito, o sea el príncipe Patoruzek, invito a hacer un picnic a varias niñas del lugar. Como el Nilo, a pesar de sus años, estaba poco crecido, decidieron tomar el “águila de oro”, o sea el colectivo que hacia el recorrido entre el Cairo y Addis Abeba. El águila, a igual que los colectivos actuales, no tenía frenos, y se desboco. Cuando aterrizaron, se encontraron en una comarca desconocida, y, al preguntar a los naturales de esas tierras donde se hallaban, estos le respondieron que habían llegado a la Patagonia, pero que no podían atenderlos, pues aun Colon no había descubierto América.
El príncipe Patoruzek, como buen sportman, se intereso en la caza de ñanduces, t tan entretenido se hallaba arrojándoles las boleadoras que perdió el colectivo de vuelta.

Patoruzek Iº, al ver regresar al águila sin su hijo, exclamo:
-Canejo!- lo que prueba que esta frase ya se conocía en aquella época-. Y dándolo por perdido, mando esculpir en su recuerdo una estatuilla del águila, en oro 24 kilates, que constituyo la reliquia de la dinastía de los Patoruzek por miles de años.
En cuento al príncipe, no añoro su lejanía patria, atraído por dulces sonidos tehuelches que aprendió muy pronto a traducir.

Un buen DIA Patoruzek Iº, que estaba bañándose en el Nilo, recibió un telegrama de su hijo, que decía:
“Papy, estoy en el séptimo cielo. Si te deja “mamy” Patora, pégate una vueltita por aquí y vas a ver lo que es bueno”
De esta última rama, Patoruzú y Upa son dignísimos brotes.

Fuente: Patoruzú de Agosto 17 de 1937

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